Historia
Una cita a la orilla de un río (y un castillo)
En el año 2000 comienza su andadura esta cita que en sus 25 ediciones ha venido reuniendo a ciudadanos, visitantes y otros paseantes alrededor de sugerencias que tienen como objetivo romper el paisaje cotidiano de una ciudad recostada en su patrimonio y dispuesta a ser un escenario lúdico que ha ido ocupando un lugar preciso en su calendario. Ya no somos los mismos, pero nos movemos.
El Festival se conduce buscando su propia personalidad; aquélla que el transcurso del tiempo, el río y el calor le ha ido dando; empedrado a la luz de los faroles y la oscuridad del color, ha asimilado mezclando cada edición de un matiz distinto. Está sujeto a avatares propios y por lo tanto no es diseño de un mismo corsé, tal vez le gustase. Es una parte importante de la incertidumbre en ese mes de septiembre.
El Festival extiende sus límites, un poco hacia delante, también un poco hacia atrás examinándose a sí mismo, para ver en la pantalla esa imagen y consolidar su andadura. Siempre vestido de manera diferente, como queriendo sorprender con el más astuto de sus disfraces.
Concebir el Festival es un compromiso y una labor genuinamente ambiciosa. Que compartir nos pida componer un marco específico para disfrutar colectivamente. Que la ciudad aderezará una bienvenida cálida que provoque a nuestra habitual contención, recibir con gusto y con sonrisas en un donde. Y devolver una ración de diálogo entre los que miran y los que son mirados.
Esperando que haya enraizado y perviva en este enclave, el EnClave.